Adios a mi viejo taller

Cuando nació mi hermana mayor, mi padre montó en el desván, con contrachapado, cartón y papel pintado, una gran sala que pasó a llamarse “el cuarto de los juguetes”. Allí era donde teníamos los coches, muñecas, puzles y libros con los que jugamos mis hermanos y yo. El cuarto de los juguetes era genial porque podías dejarlo desordenado a la hora de irte a la cama, pues el dormitorio estaba en el piso de abajo y sólo se usaba para dormir y estudiar (y en donde, esta vez sí, mi madre obligaba a mantener un escrupuloso orden).

En el verano de paso de EGB a BUP, mis padres decidieron elevar el tejado y dividir con tabiques el desván, de manera que cada uno pasó a tener su propio cuarto de trabajo y juegos. Al principio ni siguiera tenía luz, y fui yo el encargado de poner una instalación provisional… instalación que, con pequeños cambios, dura hasta hoy (como todas las cosas provisionales de este país). Fue en este maravilloso nuevo desván donde monté mi primer taller.

Aproveché un mueble de la vieja cocina para poder meter mis (bueno, de mi hermano) revistas de electrónica, y monté una estantería y tres mesas para poder trabajar y poner más cosas. Poco a poco fui almacenando motores, radios viejas, piezas de televisores… En mi taller monté los múltiples teclados mecánicos para mi Spectrum, junto con muchos otros circuitos también para él; ensamblé mi primer PC con piezas de segunda mano, programé mis primeras aplicaciones, construí mis cajas de modding…

Cuando me independicé no me llevé nada de mi taller. En el fondo era un nexo de unión. Saber que sus metros de cable, sus cientos de circuitos impresos, sus viejas placas de 386, sus altavoces y sus motores extraidos de viejos juguetes seguian allí me tranquilizaba. Era un poco como sentir que, si algún día tenía que volver a casa de mis padres, todavía estaría esperándome exáctamente igual que como lo dejé.

Hoy, sin embargo, he tenido que hacer limpieza. Mis padres quieren revestir las paredes (aún estaban “en ladrillos”), poner una instalación eléctrica en condiciones y adecentarlo todo. Y ha sido duro. Ha sido como tirar dieciocho años de recuerdos a la basura.

Al principio iba a tirar sólo aquellas cosas que, real y objetivamente, ya no servían para nada, pero al final se ha ido casi todo al cubo. Intento convencerme de que era algo que tenía que hacerse, pues desde que me fuí de casa ya casi no pasaba por allí y se estaba convirtiendo en un almacén de basura; pero aún así…

Estas son dos fotos que saqué con el móvil, después de limpiar buena parte del material.

banco de trabajo

mesa del ordenador

Adiós, y gracias por darme tan buenos momentos.

Leave a Reply