Las apariencias engañan

Estaba terminando de reinstalarle el windows a un amigo y decidí meterle el VLC para que pudiese ver películas. Como no recordaba bien la dirección de la página, me fuí a Google, busqué videolan y entré en el primer enlace. Y de pronto, el antivirus bloqueó la página con un aviso de sitio malicioso.

¿Mande?

Vuelvo a la página de Google y me fijo en las direcciones: la primera página es videolan.pro, y la segunda, la auténtica, www.videolan.org. Una búsqueda detallada del término me lleva a descubrir que en la primera página distribuyen una versión con adware (o sea, que incluye publicidad). Una visita a la URL (desde Linux, para evitar riesgos) muestra una página cuidada, con un aviso de una revista famosa calificando a VLC como “el mejor reproductor de vídeo del mundo”, y que bien podría pasar por la auténtica, aunque un análisis más cuidadoso descubre que la versión que ofrecen es la 0.9.9, y que no está disponible ni el código fuente ni las versiones para MacOS y Linux.

Quiero pensar que al final no habría colado porque yo ya sabía que la versión actual es la 1.0.2, pero aún así no puedo evitar pensar que si a mí, que siempre intento tener cuidado de qué me bajo y de donde, casi me la cuelan ¿cuanto más se la colarán al usuario medio que sabe lo justo? Por eso creo que se debería potenciar más la asignatura de informática en las escuelas, pero orientándolas no sólo a utilizar un procesador de textos o un lenguage de programación, sino también a este tipo de cosas: protección de la privacidad, protección ante troyanos y virus, protección ante el adware… Es necesario que la gente sea consciente de estas cosas y que aprenda a defenderse de ellas.

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